El fracaso: ¿un regalo inesperado?
La joya que es Kobe
Hace poco me topé con una mina de oro y la he estado consumiendo como si fuera caramelos de una tienda. No sé por qué uso los caramelos como ejemplo, ya que los detesto por completo; mi talón de Aquiles es Häagen-Dazs. Pero me desvío del tema.
¿Cuál es esa mina de oro? Una colección de entrevistas a Kobe Bryant. En una de ellas, el entrevistador le pregunta: —Hay dos tipos de jugadores: los que aman ganar y los que odian perder. ¿Cuál de ellos eres tú? Kobe responde: —Ninguno.
—¿¿Cómo?? —replico yo. Levanto la cabeza de golpe mientras friego los platos. Necesito asegurarme de que he oído bien. Juraría que hasta el entrevistador se ha quedado desconcertado.
No podía entender cómo uno de los mejores jugadores de baloncesto de la historia ni odiaba perder ni ansiaba ganar. Lo siguiente que pensé fue: «Oye, más vale que la explicación que venga ahora tenga sentido». Y vaya si lo tuvo.
La filosofía de Kobe es que solo pierdes si te rindes o te detienes. Cuando pierdes, tus debilidades quedan expuestas y tienes algo específico en lo que trabajar. Sí, perder es una faena, pero ahí dentro hay respuestas con las que puedes reflexionar.
¿Lo mejor de todo? Incluso cuando ganas, el proceso es exactamente el mismo. Al fin y al cabo, ganar o perder no es realmente el punto; lo importante es levantarse al día siguiente y volver a intentarlo. Averiguar qué funcionó y por qué. Averiguar qué no funcionó y por qué. Aceptas el feedback, mejoras y vuelves a la carga. Este vídeo corto (de otra entrevista) lo resume a la perfección.
Una oportunidad para practicar
Esta semana intenté algo y fracasé estrepitosamente. De ese tipo de fracasos que te hacen cuestionarte a ti misma y te sumen en una pequeña crisis existencial. Mis amigos y familiares piensan que exagero cuando hablo de fracasar, pero creedme, no es así. De hecho, este suceso fue lo que me hizo sumergirme en el universo de Kobe en primer lugar.
Hoy me han ofrecido la oportunidad de escuchar, con todo detalle, qué fue exactamente lo que hice mal. Mi primer instinto fue ignorar la oferta y pasar página. Ya había hecho mi propio análisis. Sabía qué había fallado y había empezado a trabajar en esas áreas. ¿De verdad necesitaba quedarme sentada mientras alguien me desgranaba mis errores? Qué vergüenza. Si querían darme su opinión, ¿no podían enviármela por mensaje? 🤦🏾♀️
Entonces me pregunté: ¿qué haría Kobe?
Él aceptaría la llamada independientemente de haber hecho su propio análisis. Querría comparar notas. Querría conocer los puntos ciegos que no pudo ver por sí mismo. Así que dije que sí.
Fracasar es duro, no hay duda. Y hace una semana, habría pasado mucho más tiempo lamentándome de lo que lo haré hoy, y eso ya es un progreso. Mi enfoque ahora es mejor: el fracaso significa que tengo un lugar específico donde canalizar mi atención y mis energías.
También he estado aprendiendo sobre la Mentalidad Mamba viendo los vídeos de Kobe, y estoy deseando escribir sobre ello y sobre cómo la estoy aplicando en mi vida.
Gracias por leerme, amigo. Que pases un buen fin de semana.
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